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viernes, 30 de marzo de 2018

Mensaje de Cuaresma, Viernes Santo


30 de Marzo

«La alianza que haré con ellos después de aquellos días, será ésta, dice el Señor: Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente. Y no me acordaré más de sus pecados y maldades.» Así pues, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de más ofrendas por el pecado. Hermanos, ahora podemos entrar con toda libertad en el santuario gracias a la sangre de Jesús, siguiendo el nuevo camino de vida que él nos abrió a través del velo, es decir, a través de su propio cuerpo.  Tenemos un gran sacerdote al frente de la casa de Dios. Por eso, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos con agua pura. Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho. 

Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino animémonos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca.

En nuestra labor pastoral predico lo que siento y este texto nos dice claramente “Y no me acordaré más de sus pecados y maldades”.  Hoy es viernes santos y Jesús dio su vida en la cruz precisamente para perdonar nuestros pecados, todo este sacrificio de Jesús solo vale la pena cuando yo me siento perdonado por su amor, y su gracia que no merecemos pero que nos ha regalado.
Hebreos 10:16-25


El perdón de nuestros pecados fue pagado con un precio de sangre; derramado en el camino del calvario y que terminó en la cruz. Por ello es importante recordar que nuestro Jesús al instituir la Eucaristía nos lo recuerda cada vez que la celebramos “Sangre del nuevo pacto que será derramada por ustedes para el PERDÓN DE LOS PECADOS.

Cierro con una historia, Una señora mayor llegaba donde el Padre a la Iglesia y le decía he hablado con Dios. Durante varios domingos. El Padre cansado de oír lo mismo le dijo a la Anciana la próxima vez que hables con Dios pregúntale cuales son mis pecados. Él siguiente domingo con cara de burla el sacerdote preguntó y te dijo Dios cuales son mis pecados y ella le respondió: me dijo que él no se acuerda de tus pecados porque te los ha perdonado.

En conclusión no te tortures recordando tus pecados porque desde el momento en que le pides perdón a Dios por ellos ya te son perdonados porque el pagó en un viernes santo un precio de sangre para que te sientas perdonado y amado por Dios. Y eso es lo que siento en mi vida.

Rev. Francisco Hernández