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martes, 24 de diciembre de 2013

Mensaje de Navidad


El siglo XXI nos ha maravillado con redes de comunicación e informática que nos pone al tanto de acontecimientos cerca y lejos, nacionales e internacionales en cuestión de segundos.
La noche donde ocurrió el acontecimiento más significativo para toda la humanidad, evento en que Dios asumió nuestra condición, frágil y vulnerable, el mensaje se comunicó por medios más sencillos: una estrella, unos pastores, una madre en cinta.  El sólo hecho de que en Belén existían lugares con el propósito de brindar alojamiento para los viajeros, no fue garantía para  José, María y el niño que venía.  Esta familia que estuvo de paso, no tuvo lugar donde ser hospedados; sólo tuvieron un pesebre en un establo. Dios toma forma de niño y en familia se establece en medio de su pueblo. 
En ocasiones nos parece que nuestras vidas están tan congestionadas  que no nos damos cuenta cuando Dios nos acompaña con su amor y bondad. Que no sea así con nosotros, que estemos tan preocupados con tantas desafíos y dificultades que no hagamos lugar para recibir y percibir la presencia de Dios en nuestras vidas.  Aquí está Dios, dándonos el regalo que nunca nos imaginamos, SU PRESENCIA.  Cuando Dios mostro su bondad y amor por la humanidad, nos Salvó (Tito 3:3-5); no porque nosotros hubiéramos hecho nada bueno, sino porque tuvo compasión de nosotros.  Por medio de Jesús, Dios nos ha dado el Espíritu Santo en abundancia (Tito 3:6-7) Que esta Navidad no pase desapercibido el mensaje de la iniciativa de Dios con nosotros –Emmanuel. Él está con nosotros para que también nosotros estemos juntos unos con otros.
Que el amor de Dios transforme nuestras relaciones humanas. Que en la sabiduría de Dios guíe nuestras decisiones. Que la gloria de Dios toque nuestras vidas y que el regalo de Dios viva en nosotros y por medio de nosotros, para que seamos reflejo del mismo Cristo.

+Julio E. Murray
Obispo de Panamá