BIENVENIDO!!!

La Iglesia Episcopal Diócesis de Panamá le da la bienvenida a su blog. Aquí podrá enterarse de los últimos acontecimientos que suceden a nivel nacional e internacional. Tenemos artículos que contienen archivos que pueden ser descargados y utilizados para su reproducción. Esperamos que disfrute este pequeños espacio. Dios lo Bendiga.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Jueves santo, Marzo 28

Entonces [Jesús] les dijo: — ¿Entienden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he puesto el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes.
— Juan 13:12-15

A finales del siglo XVIII, mientras la Revolución Industrial se extendía por Inglaterra, el visionario cristiano y poeta William Blake (1757-1827) escribió “Jueves Santo” (en Canciones de Experiencia), una amarga acusación de la situación religiosa, política y económica inglesa.

¿Es esto algo sagrado para ver En una tierra rica y fructífera, Bebés reducidos a la miseria, Alimentados con fría y usurera mano?. En tiempos de Blake, como en el nuestro, los rápidos cambios tecnológicos habían producido una riqueza sin precedentes y una pobreza devastadora. En su tiempo, como en el nuestro, fueron
urdidos planes bien intencionados para aliviar la miseria humana sin alterar el status quo económico. En su tiempo, como en el nuestro, algunos de los que prestaban ayuda, creyeron que debían poner ciertas condiciones a quienes la recibían.

El Jueves Santo, Jesús lavó los pies a sus discípulos. Fue un cambio tan profundo, que todavía intentamos imitar, aunque sea por un momento. Lavando los pies de quienes lo llaman maestro, Jesús los aleja del poder, el prestigio y el ejercicio de la autoridad a la que pueden creer que, por su experiencia o onocimientos, tienen derecho. Jesús nos llama a servir sin referencia ni relación con nuestra propia necesidad de poder o reconocimiento.

La última estrofa de Blake, dice: Porque dondequiera brille el sol, Y dondequiera la lluvia caiga, Allí los bebés no deben pasar hambre Ni la pobreza aterrorizar la mente.

Podemos servir más plenamente la misión de Dios, garantizando que todos los niños sean alimentados, nutridos y amados a todos los niveles: el físico, el emocional y el espiritual. No podemos hacer menos.

— Gay Clark Jennings



Maundy Thursday, March 28

Jesus said to them, “Do you know what I have done to you? You call me Teacher and Lord— and you are right for that is what I am. So if I, your Lord and Teacher, have washed your feet, you also ought to wash one another’s feet. For I have set you an example, that you also should do as I have done to you.”
 — John 13:12-15


In the late eighteenth century, as the Industrial Revolution swept through England, the Christian visionary and poet William Blake (1757-1827) wrote “Holy Thursday” (in Songs of Experience), a bitter indictment of the English religious, political and economic establishment.

Is this a holy thing to see In a rich and fruitful land, Babes reduced to misery, Fed with cold and usurous hand? In Blake’s time as in ours, rapid technological change produced unprecedented wealth and devastating poverty. In his time as in ours, well-meaning schemes were hatched to alleviate human misery without disturbing the economic status quo. In his time as in ours, some of those providing aid believed that they should place certain conditions upon those who received it.

On Maundy Thursday, Jesus washed the feet of his disciples. It was a reversal so profound that we still struggle to imitate it, even momentarily. As Jesus washes the feet of those who called him Master, he leads us away from power, prestige and the exercise of authority to which we might believe our experience or expertise entitles us. Jesus calls us to serve without reference or regard to our own need for power or recognition.

Blake’s last stanza reads, For where’er the sun does shine, And where’er the rain does fall, Babes can never hunger there, Nor poverty the mind appall.

May we more fully serve God’s mission by ensuring that every child be fed and nourished and loved on every level—physical, emotional and spiritual. We can do no less.

— Gay Clark Jennings

martes, 26 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Miércoles de Semana Santa, MARZO 27

El Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego; hagan esto en memoria de mí”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí”. Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga.
— 1 Corintios 11:23-26


Con todo el ritual y el simbolismo de la Eucaristía es fácil olvidar que la Última Cena fue, en su forma más sencilla, una comida que Jesús compartió con sus amigos más cercanos. Aunque generalmente no la comparamos con la comida de la cena del domingo, la Última Cena no fue más que una cena, una comida que los primeros cristianos compartían entre ellos en conmemoración de Jesús, y en la que también participamos hoy.

¿Qué significa pensar, no en el Jesús divino que nos invita a “comer su cuerpo y beber su sangre”, sino en un Jesús humano, que comía con gente que lo amaba y personas que lo traicionarían, que alimenta a multitudes de extraños y que incluso cena con los publicanos y las prostitutas? Nuestro Dios es un Dios que disfruta de los alimentos, que saborea la compañía de amigos y extraños en medio de una buena comida, que acepta la hospitalidad de los marginados y los envilecidos, y que también ayunó en el desierto y predicó las buenas noticias de pueblo en pueblo, sin tener segura
su próxima comida. La humanidad de Jesús revela la que todos debemos procurar: una humanidad que nos conduce a una mayor humildad, a más profunda compasión y al servicio comprometido.

— Brin Bon


Wednesday in holy week, MARCH 27

The Lord Jesus on the night when he was betrayed took a loaf of bread, and when he had given thanks, he broke it and said, “This is my body that is for you. Do this in remembrance of me.” In the same way he took the cup also, after supper, saying, “This cup is the new covenant in my blood.
Do this, as often as you drink it, in remembrance of me.” For as often as you eat this bread and drink the cup, you proclaim the Lord’s death until he comes.
— 1 Corinthians 11:23-26


With all the ritual and symbolism of the Eucharist it is easy to forget that the Last Supper was, at its simplest, a meal Jesus shared with his closest friends. Though we usually don’t liken it to the meal we have at Sunday dinner, the Last Supper was still supper. It is a meal that the earliest Christians celebrated—sharing food with one another in commemoration of Jesus—and in which we participate today.

What does it mean to think not of the divine Jesus who instructs us to “eat his body” and “drink his blood,” but of a human Jesus who ate with people who loved him and people who would betray him,
who fed crowds of strangers, and who dined with tax collectors and prostitutes? Our God is a God who knows the enjoyment of food, who savors the company of friend and stranger amidst a good meal, who accepts the hospitality of the outcast and the reviled, and who also fasted in the desert and preached the Good News from town to town without the certainty of his next meal. Jesus’ humanity
reveals a humanity that we can all strive for, a humanity that leads us into greater humility, deeper compassion and committed service.

— Brin Bon

lunes, 25 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Martes de Semana Santa, Marzo 26

Si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche.
Isaías 58:10

Hace varios años, mientras colocábamos alimentos en los estantes de la despensa de la unidad de alimentación escolar, la mesa en el centro de la despensa me atrajo. En ella había productos desechados, que no serían elegidos por los clientes de la tienda de comestibles, pues estaban casi podridos.

Me sentía muy angustiada por esa mesa que me hizo pensar en la mesa de la Eucaristía, a la cual los fieles, y los no tan fieles, los ricos y los pobres, los hambrientos y los bien alimentados, son invitados cada semana; la mesa donde somos alimentados y nutridos por el cuerpo y la sangre de Cristo. En ella recibimos lo mejor de Dios, no las sobras.


Mi angustia se transformó en acción y, por la gracia de Dios y con la ayuda y el amor y cuidado de muchos, comenzó la escuela Gooden, con gran alegría y corazones eucarísticos, para transformar esa mesa cultivando y entregando vegetales frescos y orgánicos.

¿Tienes algún pedazo de terreno que pudieras preparar para cultivar alimentos para los hambrientos? En la despensa del mundo hay mesas que necesitan ser transformadas. Juntos podemos convertirlas en mesas de Dios.

— Marianne Ryan



Tuesday in holy week, March 26

If you offer your food to the hungry and satisfy the needs of the afflicted, then your light shall rise in the darkness and your gloom be like the noonday.
Isaiah 58:10

Several years ago while we were stocking food pantry shelves from the school food drive, the table in the center of the pantry drew me in. On that table was produce that had been discarded from other sources, produce that would not be chosen by grocery store customers, produce that was nearly rotten.

I felt great distress about this table and began thinking about the Eucharist table. The Eucharist table, where the faithful and the not-so-faithful, the rich and the poor, the hungry and the well-fed are invited each week, the table where we are fed and nourished by Christ’s body and blood. At that table we receive the best from
God, not leftovers.

Distress turned into action, and by the grace of God and with the help, love and care of many, The Gooden School began, with great joy and eucharistic hearts, to transform that table by growing and delivering fresh, organic vegetables.

Do you have a patch of grass that you could dig up to grow food for the hungry? There are food pantry tables around the world that need transformation. Together we can turn them into God’s tables.

— Marianne Van Vorst Ryan

jueves, 21 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations


Viernes, Marzo 22


[Dios]... abrió la roca, y brotó agua que corrió por el desierto como un río.
— Salmo 105:41


Una tierra seca y árida no puede sostener la vida. El agua es esencial para la vida, pero debe ser limpia y administrada correctamente en beneficio de todos. Los proyectos de agua iniciados por la Iglesia Anglicana de Burundi, junto a sus socios, han ayudado a reducir enfermedades como el cólera, así como la diarrea y los parásitos. Ahora miles de personas han mejorado las condiciones de higiene en sus hogares y se están dando cuenta de la importancia de lavarse las manos regularmente, de lavar su ropa y de utilizar agua de una fuente limpia. Tener fuentes locales de agua limpia también ha reducido el tiempo dedicado a buscar agua. En algunos lugares, la caminata para obtener agua se ha reducido casi a la mitad.


La conservación del agua de lluvia ha contribuido a desarrollar cultivos cuando las lluvias son insuficientes. Una de las catedrales tiene ahora un gran depósito para recoger el agua de lluvia que cae del techo. El agua que una vez causó inundaciones está siendo utilizada productivamente.

Las comunidades están asumiendo la responsabilidad de la propiedad y el cuidado de los pozos y las fuentes de agua. Esto ha ayudado a promover mejores relaciones en la comunidad, según las personas van aprendiendo a vivir y trabajar juntos en armonía, algo que otros han observado.

Permitamos que el Agua de Vida del Espíritu del Dios nos llene de nuevo y refresque las áreas secas y áridas de nuestras vidas.

— Leónidas Niyongabo


Friday, March 22

God opened the rock, and water flowed, so the river ran in the dry places.
— Psalm 105:41


A dry and parched land cannot sustain life. Water is essential to life, but that water has to be clean and managed properly for the benefit of all. The water projects initiated by the Anglican Church of Burundi, in
association with its partners, have helped to reduce diseases such as cholera, as well as diarrhea and parasites. Now thousands of people have improved hygienic conditions at home. They are now realizing the importance of washing hands regularly, of washing their clothes and of using water from a clean source.

Having local sources of clean water has also reduced the time spent each day fetching water. In some places the walk to get water has been cut nearly in half.

Conservation of rain water has helped with the growing of crops when the rains are insufficient. One of the cathedrals now has a large tank beside it to catch the rain water that cascades off the roof. Water that once caused flooding is being used productively.

Communities are assuming responsibility for the upkeep and ownership of wells and water sources. This has helped to promote better relationships in the community as people learn to live and work together harmoniously–something that has been noted by others.

May we allow the Living Water of God’s Spirit to fill us anew and refresh the dry and parched areas of our lives.

— Léonidas Niyongabo

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Jueves, Marzo 21

Danos hoy nuestro pan cotidiano.
— El Padre Nuestro

Las plantas están llenas de fresas rojas y brillantes y de gruesas vainas de guisantes. Cada mañana, desde principios de la primavera hasta el verano, mis hijos salen descalzos al
jardín para coger la primera fresa de la planta y buscar las vainas perfectamente llenas de guisantes para el desayuno. Las vainas de guisantes, las plantas de fresas, el suelo oscuro, rico, todo cubierto aún con el rocío de la mañana.


La tierra es la base de nuestro sistema alimentario. Nos alimentamos según se alimenta nuestra tierra. Una tierra sana está viva, llena de microbios hambrientos. Como nosotros, esos microbios se multiplican y relacionan unos con otros y con la lluvia y el sol, alimentados por los nutrientes elementales, el carbono y el nitrógeno. La tierra sana ofrece los nutrientes a los campos y granjas y finalmente a nuestros cuerpos. La tierra es nuestra vida.
La resurrección ocurre bajo nuestros pies todos los días. Los alimentos nos relacionan con la tierra, el agricultor, la luz solar y la lluvia, todo ello proporcionado por la milagrosa creación de la tierra de nuestro jardín. Cuando somos conscientes de ese precioso regalo, también nos relacionamos con los 870 millones de personas en todo el mundo que no tienen acceso adecuado a los alimentos.

Estos dones de Dios están ocultos o se pierden por nuestra falta de conciencia de este mundo de interrelaciones. Cuando empezamos a reconocer que nuestro pan de cada día es un don, entendemos que todos los alimentos, el pan, las fresas, los guisantes, son un regalo de la generosidad de la tierra. ¿Podemos ser mayordomos de este regalo para todos los hijos de Dios? ¿Podemos cuidar la tierra tanto como ella nos cuida?. Nuestro mundo depende de ello.

— Lisa Ransom




Thursday, March 21

Give us this day our daily bread.
— The Lord’s Prayer

The vines are full of bright red strawberries and plump peapods. Each morning, from early spring to midsummer, my children run out in bare feet to the garden to grab the first red
sweet-tart strawberry from the vine and to hunt for the plumpest pod full of sweet, perfectly formed peas for breakfast. The pea pods, the strawberry vines, the dark, rich soil—all still covered with morning dew.

The soil is the foundation of our food system. We are fed as our soil is fed. Healthy soil is alive, teeming with hungry microbes. And like us, these microbes multiply and relate to one another and the rain and sun, fed by the elemental nutrients of carbon and nitrogen. Healthy soil delivers nutrients to the fields and the farms and    eventually    to    our    bodies.    Our    soil    forms    our    living    earth.

Resurrection    is    under    our    feet    every    day.    Our    food    connects    us to soil, farmer, sunlight, rain—all of it provided to us in the miraculous creation of our garden earth. When we become aware of this precious gift, we also become connected to the 870 million
people worldwide without adequate access to food. These gifts from God are hidden or taken away by our lack of awareness of our interconnected world. When we begin to recognize our daily bread as a gift, we understand all food—bread, strawberries, peas—as a gift from the generosity of the earth. Can we be stewards of this gift for all of God’s children? Can we care for the soil as the soil cares for us? Our    world    depends    on    it.  
 
— Lisa Ransom

miércoles, 20 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Miércoles, Marzo 20

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros.
— Juan 13:34-35

El servicio del equinoccio de primavera de mi comunidad termina con esta oración: Que todos brotemos. Que extendamos nuestras ramas brillantes y elegantes. Que seamos miel uno para el otro. Que lo que seamos, lo que sepamos y lo que podamos ser, sea para el mutuo servicio. Amén. Que seamos miel el uno para el otro.

Cuando decimos esas palabras, las veo como un intercambio de saludos, algo así como solía hacer hace años cuando con mis hermanas nos hacíamos reverencias cuando pasábamos a la sala: el Cristo en mí saluda al Cristo en ti. La miel es el increíble regalo de las abejas que recolectan el néctar y, a continuación, hacen trabajar su magia de abejas para hacer el dulce y saludable producto dorado que disfrutamos. Dura mucho
tiempo y conservada adecuadamente puede durar muchos años. Si la conservación no es apropiada, la miel puede hacerse no apta para los seres humanos, pero las abejas la consumirán alegremente.

¿No sería maravilloso que todos nos convirtiéramos en miel el uno para el otro? Habría una dulzura esencial en todo el mundo. Nos alimentaríamos mutuamente y a nosotros mismos. Todos seríamos deliciosamente buenos y, tratada adecuadamente, nuestra amistad duraría mucho tiempo. Te amo, miel. El Namasté (saludo) del agricultor.

— Hermana Catherine Grace



Wednesday, March 20

I give you a new commandment, that you love one another. Just as I have loved you, you also should love one another. By this everyone will know that you are my disciples, if you have love for one another.
— John 13:34-35

My community’s spring equinox service ends with this prayer: Let us bud forth. Let us spread out our branches bright and graceful. Let us be honey for each other. Let who we are and what we learn and what we become serve each other. Amen. Let us be honey for each other.

As we say those words, I see us greeting each other with “I love you, honey,” something like we used to do years ago when we sisters curtsied to each other as we passed in the hall: The Christ in me greets the Christ in you. Honey is the amazing gift of bees who gather nectar, then work their bee magic to make the sweet, healthy golden treat we so enjoy. It lasts for a very long time; stored properly it can last for years. Should something go wrong with the storage plan, honey can become unfit for humans, yet bees will happily consume it themselves.

Wouldn’t it be wonderful if we all became honey for each other? There would be an essential sweetness to everyone. We would feed each other, and ourselves. We would all be deliciously good and, when treated properly, our friendships would last a very long time. I love you, honey. The farmer’s namaste.


— Sister Catherine Grace

martes, 19 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

fiesta de San José — Martes, Marzo 19

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.

— Colosenses 3:23-24

Hoy celebramos la fiesta de San José, el esposo de María y padre terrenal de Jesús, que no debe confundirse con José, el de la capa multicolor o José de Arimatea, quien ministró a Jesús en su muerte.
Me gusta especialmente que San José sea conocido como “el obrero” y sea el santo patrón de los trabajadores. Era un carpintero, maestro de carpintería de sus hijos y probablemente de otros chicos en
Nazaret.

Cada día nuestro camino se cruza con el de los trabajadores y obreros que hacen posible la vida. Los que cultivan y llevan sus productos a Marcoset; maestros que van algo más lejos, conserjes y señoras de la limpieza que mantienen limpios nuestros lugares de trabajo. La lista no termina.

Pocos trabajan más duramente que Juan Awinsor, maestro carpintero y director de una escuela de carpintería para niños discapacitados en Teshie, Ghana. Su trabajo y ministerio de oración, bendice a los niños bajo su cuidado, a su comunidad y a todo aquel con quien entra en contacto. Se pone a trabajar en sus tareas “para el Señor”. Una inspiración para todos nosotros.

— Brian Sellers-Petersen



Feast of Saint Joseph — Tuesday, March 19

Whatever your task, put yourselves into it, as done for the Lord and not for your masters, since you know that from the Lord you will receive the inheritance as your reward; you serve the Lord Christ.

— Colossians 3:23-24

Today we celebrate the feast of Saint Joseph, the husband of Mary and earthly father of Jesus—not to be confused with Joseph of the multicolored coat or Joseph of Arimathea who ministered to Jesus at his death. I especially like that Saint Joseph is known as “the Worker” and the patron saint of workers. He was a carpenter who doubled as a carpentry teacher of his sons and probably other boys in Nazareth.

Each day our paths cross those of workers and laborers who make life possible. Those who farm and bring food to market. Teachers who go above and beyond. Janitors and housekeepers who clean our places of work. The list doesn’t end.

Few work harder than John Awinsor, a master carpenter and headmaster of a carpentry school for disabled boys in Teshie, Ghana. John’s prayerful work and ministry bring blessing to the boys under his care, his community and all with whom he comes in contact. He puts himself into his tasks “for the Lord.” An inspiration to us all.


— Brian Sellers-Petersen

jueves, 14 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lenten Meditations

Viernes, Marzo 15

Luego Leví le ofreció a Jesús un gran banquete en su  casa... Pero los fariseos y los maestros de la ley que eran de la misma secta les reclamaban a los discípulos de Jesús: ¿Por qué comen y beben ustedes con recaudadores de impuestos y pecadores? No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos les contestó Jesús. No he venido a llamar a justos sino a pecadores para que se arrepientan.

— Lucas 5:29-32

Cuando era un niño creciendo en un pequeño apartamento en la ciudad de Nueva York, la mesa de la cocina era el centro de nuestro hogar. Servía como espacio de estudio, sala de estar y, por supuesto, comedor.

Hace varios años me invitaron a casa de un amigo para almorzar, lo que me hizo recordar muchas otras mesas. Disfrutamos de sopa de tomate (una muy suculenta con trozos de zanahorias y rematada
con albahaca morada rallada), una baguette y quesos, raviolis cubiertos ligeramente con mantequilla y queso parmesano, una variedad de higos, buen chocolate oscuro y esas maravillosas finas galleticas, especie de cruce entre galletas escocesas de mantequilla (shortbread) y bizcocho. Esta comida sencilla pero extravagante, unió a dos amigos que rieron, soñaron, discutieron sobre los temas del día y se escucharon mutua y profundamente.

Jesús no tenía una mesa de cocina propia, pero me imagino que la comida que compartió con sus amigos y seguidores tendría un sabor parecido. Eso es el altar para mí. Es central y esencial, mantiene los recuerdos y
trae a la memoria lo que hacemos alrededor de las “mesas de comer” en los salones de nuestra parroquia, en nuestros hogares, en restaurantes y en parques. Las mesas de comer y el altar de Cristo tienen mucho que enseñarnos sobre la hospitalidad radical, tal como lo hacen sobre la satisfacción de las hambres espirituales y físicas.


— Jennifer Baskerville-Burrows




Friday, March 15

Then Levi gave a great banquet for him in his house.… The Pharisees and their scribes were complaining to his disciples, saying, “Why do you eat and drink with tax collectors and sinners?” Jesus answered, “Those who are well have no need of a physician, but those who are sick; I have come to call not the righteous but sinners to repentance.”

— Luke 5:29-32

When I was a kid, growing up in a small apartment in New York City, the kitchen table was the center of our home. It served as study space, family room and, of course, eating space.

Several years ago I was invited to a friend’s home for lunch, and it brought back the memories of so many other tables. We enjoyed tomato soup (a nice chunky one with bits of carrots and topped with shredded purple basil), a baguette and cheeses, ravioli coated lightly in butter and Parmesan, a mix of figs, good dark chocolate, and these wonderful slim cookies that are a cross between shortbread and biscotti. Over this simple yet extravagant meal, we joined two friends and laughed, dreamed, wrestled with the issues
of the day, and listened deeply to each other.

Jesus didn’t have a kitchen table to call his own, but I imagine the meals he shared with his friends and followers had a similar flavor.

This is what the altar is like for me. It is central and essential— holding the memories and recalling the memories we make around the “dining tables” in our parish halls, in our homes, in restaurants, in parks. Dining tables and Christ’s altar have as much to teach us about radical hospitality as they do about feeding spiritual and physical hungers.

— Jennifer Baskerville-Burrows

EpiscoNotas Edición Especial, Colón 2013


Por: Jewell Murray
Fotografía: Stephanie Batista

La reunión Anual de Las Damas Episcopales se llevo acabo el día 7 de marzo del 2013, en la provincia de Colón específicamente en el Centro Episcopal Atlántico.  Esta reunión se realiza todos los años en la fecha de la Convención Diocesana, este año se tuvo una asistencia de: 103 personas,   32 delegados, 22 personal administrativo, 14 clero y 18 visitantes (nacionales y extranjeros).

SANTA EUCARISTÍA
La eucaristía y la presentación de “The United Thank Offering” se inició a las 9:10 de la mañana, la misma fue dirigida por el Obispo Diocesano y los miembros de clero de la Iglesia Episcopal de Panamá.
El mensaje del Obispo fue acerca del tiempo de cuaresma, en el cual debes de tomar decisiones para poder ver los nuevos cambios en tu vida. También trato el tema de las Mujeres Discriminadas y la Igualdad de Derechos.
Para finalizar se extendió una invitación para que empecemos ayudar a los necesitados. Como dice Pablo, si quieres cambios debes de ser tu el que inicie ese proceso para que puedas ver los resultados.
Inmediatamente finalizado el sermón del Obispo, se realizo la Santa Eucaristía que fue dirigida por el mismo, en compañía del Clero Diocesano.

Parte del Clero Diocesano
Les aliento y las seguiré apoyando, a que sigan así trabajando junto con DIOS y a llegar a donde esas mujeres que necesitan de nosotras, además de llevar la solidaridad a esas que lo buscan. Rev. Obispo Julio Murray.





SEPTUAGÉSIMAS QUINTA REUNIÓN ANUAL DE LAS DAMAS 
DE LA IGLESIA EPISCOPAL DE PANAMÁ

 La presidenta de la Junta Directiva de las Damas Episcopales les dio la bienvenida a todos los presentes. Se hizo la presentación de los miembros de la mesa principal y se realizó la aprobación de la Agenda 2013. Se hizo un reconocimiento a las Ex-Presidentas que estaban presentes en la reunión.

Se aprovecho al inicio de la reunión la presentación de 2 de las representantes de nuestra Diócesis Compañera de Mississippi quienes son Lollie Everett y Nancey Scott.

A continuación se presento a la oradora de fondo la cual fue la Rev. Glenda McQueen quien presento el tema, “¿Qué es la ORACIÓN?”. La cual definió como un instrumento que nos ayuda a reencontrarnos con Dios y nosotros mismo. Es un dialogo entre Dios y cada uno de nosotros.

Nueva Directiva de las Damas Episcopales de Panamá
Luego se realizó la votación para escoger a la nueva Junta Directiva La cual quedo de la siguiente forma:
Presidenta: Dilsia Alleyne
Primera vicepresidenta: Josefina Savoury
Segunda vicepresidenta: Virginia Williams
Tesorera: Carla Barrett
El día Domingo 10 de marzo a las 9:00 a.m. se llevo a cabo la instalación de la nueva Junta Directiva de las Damas Episcopales de Panamá.





 “El grupo de Damas de la Iglesia Episcopal lleva 75 años de misión en Panamá”









martes, 5 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lent Meditations


Martes, Marzo 5

No tienen que irse —contestó Jesús—. Denles ustedes mismos de comer. Ellos objetaron: —No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados.


— Mateo 14:16


A medida que avanza la temporada, nos rodea la abundancia: calabazas, miel, huevos, tomates y arándanos. Las ramas de los arándanos están tan llenas, que se doblan hasta el suelo. Cada día comemos arándanos desde el mismo árbol mientras llenamos cubos con ellos. Los congelamos, hacemos pasteles con ellos y los regalamos.



Recordando nuestra abundancia, podemos entender cómo fueron alimentados los cinco mil en el Evangelio de Mateo. Conocemos los hechos: una comunidad reunida, algunos alimentos y amor. Esa es la verdad de la abundancia que se produjo en la ladera de una colina en Galilea, y que diariamente ocurre cuando los trabajadores migrantes comparten el almuerzo en una granja de productos lácteos de Vermont, o cuando un millón de microbios se alimentanen una pila de compost.

 La abundancia de Dios es el amor que todos los días se vive en comunidad. ¿Cómo podemos compartir la abundancia de nuestra cosecha? “No tenemos nada”, respondieron los discípulos. Hoy, cerca de mil millones de personas en el mundo padecen hambre. La abundancia de Dios no es evidente para ellos. Jesús dice, “Tráiganme su ‘nada’”.  Bendice los pescados y los panes y reparte el alimento a las masas. Como narra Mateo, “todos quedaron satisfechos”.
El compartir comienza tomando conciencia de nuestra comunidad, de la abundancia de arándanos, de las redes llenas de pescado y de las cestas llenas de pan.

— Lisa Ransom


Tuesday, March 5

Jesus said to them, “They need not go away; you give them something to eat.” The disciples replied, “We have nothing here but five loaves and two fish.”


— Matthew 14:16


As the season turns we have abundance all around us: tomatoes, squash, honey, eggs and blueberries. Our blueberry branches are so full that they bend to the ground. Everyday we eat blueberries right off the bush as we fill buckets. We freeze the berries, make pies from them and give them away.

Remembering our abundance, we can understand how the five thousand in Matthew’s Gospel were fed. We know the facts—a gathered community, some food and love. This is the truth of abundance which happened on a hillside in Galilee, and which happens daily when migrant workers share lunch at a Vermont dairy farm or when a million microbes feast in a compost pile.

The abundance of God is a love that is lived out in community every day. How can we share the bounty of our harvest? “We have nothing,” the disciples responded. Today, close to a billion people in the world are hungry. God’s abundance is not evident to them. Jesus says, “Bring your ‘nothing’ to me.” He blesses the fish and bread and then proceeds to distribute food to themasses. As Matthew tells the story, “All were filled.” 

Sharing begins with awareness: of our community, of the abundance of blueberries, of nets full of fish and baskets full of bread.

— Lisa Ransom

viernes, 1 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma / Lent Meditations


Viernes, Marzo 1

El que labra su tierra tendrá abundante comida, pero el que sueña despierto es un imprudente.

— Proverbios 12:11

En el remoto atolón de Ontong, Java, nuestra asociada, la Iglesia Anglicana de Melanesia, acompaña a los agricultores locales en un proyecto de Permacultura que introduce técnicas de cultivo innovadoras, para mejorar el abastecimiento de alimentos luchando contra la salinidad del suelo y la elevación del nivel del mar.

El proyecto comenzó en 2010 y dos años más tarde obtuvo su primera cosecha, proporcionando una variedad de frutas y verduras a la comunidad de la isla.

El acceso al atolón es muy limitado, con un barco haciendo un viaje de ida y vuelta de seis días, cada cuarenta días. Al comienzo del proyecto, el personal diocesano permaneció en una de las islas durante los cuarenta días, trabajando duramente en la preparación de la tierra, la siembra de los cultivos y la capacitación de los agricultores en los nuevos métodos de trabajo. Fue un gran sacrificio pasar esos cuarenta días lejos de sus familias, labrando la tierra en un entorno desconocido. Pero la bendición de una cosecha abundante cada año fue una recompensa muy valorada.

Durante estos cuarenta días de Cuaresma, reflexionemos sobre nuestros esfuerzos por “labrar la tierra”.

— Nagulan Nesiah





Friday, March 1

Those who till their land will have plenty of food, but those who follow worthless pursuits have no sense.

— Proverbs 12:11

In the remote atoll of Ontong Java, our partner, the Anglican Church of Melanesia, is accompanying local farmers in a permaculture project that introduces innovative farming techniques to improve the food supply by combating soil salinity and rising sea levels. The project began in 2010 and two years later saw its first harvest, providing a variety of fruits and vegetables to the island community.

Access to the atoll is very limited, with one boat making its way on the six-day, round-trip journey once every forty days. At the beginning of the project, diocesan staff would stay on one of the islands for those forty days and work hard in preparing the land, planting the crops and training the farmers in the new methods.

It was a considerable sacrifice for them to spend those forty days away from their families, tilling the land in an unfamiliar environment. But the blessing of a plentiful harvest each year was a much-valued reward.

As each of us journeys through the forty-day Lenten season, let us reflect on our efforts in “tilling the land.”

— Nagulan Nesiah